El Rastro se encuentra situado cerca de La Latina, junto a la Plaza Mayor, entre la Plaza de Cascorro (mote con el que se conoce al soldado Eloy Gonzalo de quien encontramos una estatua en la plaza) y llega hasta la Puerta de Toledo.

Toma su nombre gracias al gracejo popular: el matadero de Madrid se encontraba cerca del manzanares y una vez sacrificadas las reses se llevaban las pieles a curtir a la que se llamaría calle Ribera de Curtidores (en un alarde de originalidad) dejando los animales y las pieles transportadas un rastro poco salubre, pero un “rastro”. Ahora los tiempos más modernos nos dejan el rastro de los seres humanos que lo componen y la amalgama infinita de personas que cada festivo lo visitan.
Si comenzamos nuestra visita por la Plaza Cascorro nos encontramos la bajada de la calle Ribera de Curtidores repleta de puestos a ambos lados con un gentío inmenso, como si de hormigas bien organizadas se tratase. Según bajamos marabunta de la derecha, para subir la de la izquierda, todo repleto de gentío, aparte del bullicio multilingüe de los visitantes escucharemos, a voz en grito “por dos euros, sólo por dos euros mira lo que tengo”, si la curiosidad te llama e intentas ver lo que es, espero que te pille en tu fila, sino un esfuerzo te puede costar averiguar los colgantes y pañuelos que venden en ese puesto. Toda la bajada esta repleta de camisetas con dibujos, variopintos recuerdos, pulseras y abalorios, bolsos y artículos de artesanos del siglo XXI. Entre ellos nos encontramos con “la Mari” calculo que tendrá unos veintitantos ya altos, va vestida con una camiseta verde tan moderna como antigua, parece de otra época, su ipod de ultima generación y unas gafas negras de marca, te vende las camisetas imposibles que ella misma diseña en dibujos y corte, rodeada de puestos regentados por gitanos y gentes de una tez curtida por los días al sol.
Más adelante nos encontramos a la derecha la calle de San Cayetano, también conocida como la de los pintores, en esta está Julián, vestido con mono azul y cerca de la jubilación nos enmarca cualquier obra que llevemos. Junto a su casa vemos cuadros por las aceras y en los soportales, generalmente son obras de la que uno recuerda en casa de sus abuelos ya caducos y pasados de moda representando paisajes sencillos, marinas y cacerías imposibles. Dice una leyenda urbana que en esta calle se ha vendido algún Zurbarán o algún Goya que procedían de alguna casa venida a menos, pero en la actualidad, olvídate, puedes comprar alguna imitación o alguna pintura de Madrid hecha por un pintor amateur.
Regresamos a Ribera de Curtidores y nos encontramos con una parte dedicada a la música: músicas del mundo, flamenquito a raudales y los temas del momento. Los puestos los llevan jóvenes con desparpajo y enterados de lo que se escucha en todos los pueblos, no puede faltar el “chikilicuatre” canción que ha tenido tanto apego en el deje popular.
La calle siguiente a la izquierda es Fray Ceferino Gonzáles, conocida como la de los Pájaros, antiguamente dedicada a estas aves. Ahora también encontraremos todo tipo de mascotas, desde perros con pocas semanas de vida hasta tortugas, camaleones y otros reptiles algo desagradables para algunos. Esta calle tiene un olor especial, como a rancio de los cajones para gatos, perros y periquitos.
Regresamos a la principal entre ventas de abalorios sortijas pendientes y un sinfín de complementos nos encontramos a la derecha las calles Arniches y el Carnero, donde abundan las librerías de libros antiguos y de ocasión solo entrar en ellas notamos el olor a libro añejo, con abolengo, con el paso del tiempo y los múltiples personas que los habrán leído, podremos encontrar desde ese libro que ya no se edita hasta los libros que tenia nuestra abuela, desde libros de texto o en distintos idiomas hasta La Sombra del Viento de Ruiz-Zafón. Los vendedores suelen ser curtidos por su destreza en saber lo que vale un tomo o una colección y bajo sus gafas de medio corte se denotan personas cultas por la experiencia pero intransigentes a la hora del comprar o vender.
Por las calles anexas nos encontramos muchas casas de decoración y antigüedades como la de Antonio, que parece un Patriarca gitano y que su hijo Antoñito de unos treinta, maneja con soltura, contándote la vida y obra de cada mueble, lo resistente que es y como ya no se hacen muebles como esos, vestido con su traje negro y su corbata granate sobre la camisa también negra parece un guía turístico del mueble, los hay de casi todos los precios.
Llegados próximos a la Puerta de Toledo, nos encontramos la calle de Rodas y las Plazas de Vara del Rey y de Campillo que son las dedicadas a la compra venta de comics, fascículos atrasados, revistas de todo género, vinilos para coleccionistas, DVDs y cromos, así como videojuegos y programas informáticos.
Como veréis es un mundo completo en unas pocas calles. Si por último queremos tomar algo nos podremos pasar por “Los torreznos” , “Los caracoles” ambos situados en la calle Toledo y con especialidad en lom que su propio nombre nos indica, o “El brillante” conocido po0r sus patatas bravas y sus bocatas de calamares con el sabor de toda la viada.
El Rastro es un lugar por el que no se puede dejar de pasar si quieres conocer algo más de Madrid.
Mayo 5, 2008 a las 8:07 pm
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