En el Paseo de Recoletos y entrando por un jardín con aroma a primavera, separado y a la vez al lado del gran ruido de la ciudad nos encontramos con una pinacoteca y centro cultural en el que se encuentran las obras que fueron reunidas por la familia Thyssen-Bornemisza a lo largo de dos generaciones. La parte más importante de la colección Thyssen-Bornemisza fue adquirida por el Estado español en julio de 1993. Tras pasar las consavidas medidas de seguridad encontramos un museo de estilo moderno donde apreciaremos una gran colección de obras.

La colección ha sido instalada siguiendo un recorrido histórico. El orden de numeración de las salas indica el itinerario sugerido, que se inicia en la segunda planta y se realiza girando siempre por la derecha en torno al patio central.
En la segunda planta se presenta el ciclo del renacimiento y del clasicismo, las encontraremos en unos pasillos y salas luminosas desde Duccio y los discípulos de Giotto hasta la pintura veneciana del siglo XVIII. Hay también apartados importantes dedicados a pintura flamenca y alemana, así como presencias relevantes de la pintura francesa y española. El final del recorrido coincide con las dos primeras salas dedicadas a la pintura holandesa, que se ofrece aquí en su versión más italianizante.
El resto de la pintura holandesa, uno de los aspectos más destacados del museo, se encuentra en la planta primera, cuyo principal hilo conductor es el realismo, con grandes representantes del retrato, desde Frans Hals en el siglo XVII al pesimista de Max Beckmann en el XX. Es aquí en donde cabe contemplar la pintura impresionista y postimpresionista, así como dos de los capítulos más significativos de la colección, la pintura estadounidense del siglo XIX y el expresionismo alemán.
La planta baja está dedicada a la pintura del siglo XX, desde el cubismo, donde podremos ver las visiones desde todos los ángulos de las obras y los movimientos de vanguardia de las primeras décadas hasta el Pop Art (arte popular para los amigos).
A lo largo del año el museo Thyssen-Bornemisza organiza ciclos de conferencias relacionados con la colección permanente, así como otros monográficos consagrados a las exposiciones temporales que se exhiben. Celebra asimismo conciertos, en relación con la iconografía musical de las obras de arte de la colección permanente y las exposiciones temporales.
El museo dispone asimismo de un programa de formación del profesorado, reconocido por el ministerio de Educación y Ciencia y dirigido a profesores de Historia del Arte del Curso de Orientación Universitaria (COU) o del nuevo bachillerato, sobre la colección permanente, incluyendo una visita con los alumnos. Cuenta también con un programa de visitas guiadas para familias con niños de seis a 12 años. Abre la posibilidad de colaboración como guía voluntario en programas dirigidos a colectivos de instituciones sociales, prestando especial atención a los grupos de personas mayores y de quienes padecen minusvalías.
Brinda asimismo un servicio de visitas privadas, diseñado en especial para celebrar actos sociales y empresariales: consiste en un recorrido por las salas de exposición (colección permanente o exposiciones temporales) fuera de horario y en compañía de guías muy calificados.
En Pedralbes se exhiben de forma permanente 72 pinturas y ocho esculturas que datan desde la época medieval al siglo XVIII.
El edificio del museo en Madrid, ha sido rehabilitado por el arquitecto Rafael Moneo para adaptarlo a las funciones museísticas. Fue construido a finales del siglo XVIII y principios del XIX para la duquesa viuda de Villahermosa, María Pignatelli y Gonzaga, por el arquitecto Antonio López de Aguado. Desde su creación llamaron la atención la grandiosa escalera, la magnífica capilla ducal, el salón de baile que después fue teatro de la sociedad Liceo Artístico y Literario y las habitaciones principales destinadas a los duques y en donde residió en 1823 el delfín de Francia, duque de Angulema, generalísimo del ejército francés.
Este palacio se alza en donde estuvo el de los duques de Maceda y otras casas, una de las cuales perteneció a dos personajes del mismo nombre, Gregorio López Madera, padre e hijo. El primero fue médico de cámara de Carlos V y Felipe II y el segundo, oidor de la audiencia de Sevilla y consejero de Castilla, recibió de Felipe IV el hábito de Santiago.
Es una visita que no os podéis perder.





